Testimonios
Historias de fe, esperanza e intercesión
La Asociación recibe miles de testimonios cada año que muestran la generosidad del amor de Dios en respuesta a las oraciones hechas a Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. En gratitud por la intercesión de María y las bendiciones de Dios, la Asociación de la Medalla Milagrosa publica partes de estas historias.
Testimonios compartidos
Gracias por mostrarme las señales
Estos días me he sentido muy triste y deprimida. En 2022 perdí a mi hermano menor el 12 de enero, a mi mamá el 17 de enero y luego a mi hijo mayor el 17 de agosto. Mi corazón se siente roto todos los días, especialmente por mi hijo. ¡Pero sé que está conmigo espiritualmente, por medio de Dios y de nuestra Madre Santísima! Quiero darles las gracias por mostrarme señales de su presencia. Les pido que recen para que Dios me conceda un poco más de paz interior. Gracias, y que Dios los bendiga. Amén.
—Pensilvania
¡Qué pura es nuestra Madre Santísima!
Crecí en la fe católica, pero me alejé de la práctica entre los veinte y más de treinta años. Un año, mientras visitaba una tienda pequeña de decoraciones navideñas, algo me llamó fuertemente la atención: una estatua de la Virgen María. No estaba buscando nada religioso… simplemente me atrajo. Me quedé mirándola a través del vidrio, sin poder quitarle los ojos de encima. Pero costaba $300, y no estaba preparada para gastar tanto. Compramos algunos adornitos, y salimos de la tienda. Ya en el auto, mi esposo me dijo: “¿Tú quieres esa estatua, verdad?”. Así que volvimos y la compramos. La puse en un lugar destacado, sobre un aparador en el comedor. Pasaron un par de años, y un día noté algo muy especial: esa estatua nunca se llenaba de polvo. La mesa, las lámparas, todo alrededor se llenaba de polvo… pero nunca la Virgen. Años después, mi fe volvió a encenderse. Conocí la Medalla Milagrosa y desde entonces la llevo siempre puesta. Hoy en día todavía tengo esa hermosa estatua, y hasta el día de hoy, sigue sin llenarse de polvo. ¡Qué pura es nuestra Madre Santísima!
—Correo electrónico
Nuestra Madre Santísima nunca falla cuando la invocamos
Quiero compartir con ustedes una historia maravillosa sobre nuestra Madre Santísima. Sufro de depresión severa y tomo medicamentos, pero a veces tengo recaídas. En una ocasión, caí en una de esas recaídas: todo me agitaba, lo más pequeño se me hacía insoportable, y hasta las cosas más simples del día a día me causaban angustia. Le lloré a Jesús pidiéndole ayuda. Después de una semana de vivir en ese caos mental, ya no podía más. Sentí que si tenía frente a mí una imagen poderosa de María, como una estatua, eso podría darme algo de paz. Pensé en la Virgen de la Medalla Milagrosa, también, ya que tantas personas han recibido milagros a través de esa imagen. Pedí por internet una estatua de la Virgen. Sabía que tardaría alrededor de una semana en llegar, pero no me importó: solo saber que algo de esperanza venía en camino me dio un rayito de luz en medio de tanta oscuridad. Pero al día siguiente, cuando desperté, algo había cambiado. Me sentía como antes. Toda la tristeza, la agitación, los pensamientos de muerte… se habían ido. Pude sonreír y hasta reír. Era como si nunca hubiera tenido esa crisis. Yo atribuyo esta sanación repentina a la intercesión de la Virgen María. Ella no esperó a que llegara la estatua para ayudarme. Intercedió por mí y me trajo la gracia de la sanación desde el momento en que la invoqué con fe. Nuestra Madre nunca falla. Siempre corre a nuestro encuentro cuando la llamamos. ¡Qué Madre tan maravillosa tenemos!
—Nuevo México
