Prayers to Our Lady - Association of the Miraculous Medal
Asociación de la Medalla Milagrosa

Prayer to Mary, Seat of Wisdom

Holy Mother and Teacher of the Child Jesus,

I come before you today, grateful for the countless blessings your merits have obtained for me. Humbly, I ask you to guide and protect all students and educators throughout the academic year, especially those dearest to me, ___________________.

May they remain attentive and steadfast in their work, ever mindful of the gifts of the Spirit at work in them for the good of the world. May the divine providence be pleased to pour out upon them a generous share of the wisdom, understanding, counsel, and knowledge needed to lead them ever closer to your Son, Our Lord Jesus Christ.

Mary, Seat of Wisdom, pray for them.

Oración de consagración a la Virgen de la Medalla Milagrosa

Oh Virgen, Madre de Dios, Inmaculada María, nos ofrecemos y consagramos a ti, bajo el título de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa.

Que esta Medalla sea para cada uno de nosotros, prenda del amor que nos tienes, y nos recuerde nuestros deberes para contigo.

Que siempre que la llevemos nos bendiga tu amorosa protección, y nos conserve en la gracia de tu Hijo.

Oh Virgen poderosa, consérvanos siempre a tu lado en todos los instantes de nuestra vida.

Concede a estos hijos, la gracia de una buena muerte, para que en unión contigo podamos gozar para siempre de la eterna felicidad.

Amén.

Oración a Nuestra Señora para la sanación

María Inmaculada, tú te nos has dado a ti misma como nuestra Señora de la Medalla Milagrosa.

Tú nos has pedido que oremos con confianza prometiendo que así recibiremos grandes bendiciones.

Sabemos de tu compasión, porque tú viste a tu Hijo sufrir y morir por nosotros.

En tu unión con su sufrimiento, te hiciste la Madre de todos nosotros.

María, madre mía, enséñame a entender mi sufrimiento como lo haces tú y a soportarlo en unión con el sufrimiento de Jesús.

En tu amor de madre, calma nuestro miedo y aumenta nuestra confianza en el misericordioso amor de Dios.

Según el plan de Dios, consigue para mí la curación que necesito.

Intercede ante tú Hijo, para que me dé la fuerza que necesito para trabajar para la gloria de Dios y la salvación del mundo.

Amén.

María, salud de los enfermos, ruega por mí.

Acordaos

Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a tu protección e implorado tu socorro, haya sido desamparado.

Nosotros, pecadores, animados con tal confianza, acudimos a ti oh Madre, Virgen de las Vírgenes, a ti venimos, delante de ti nos presentamos gimiendo.

No quieras, oh Madre, despreciar nuestras súplicas, antes bien escúchalas y cúmplelas.

Amén.

Bendita sea tu pureza

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea, en tan graciosa belleza.

A ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día, alma vida y corazón.

Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.

Amén.

Bajo tu amparo

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las súplicas que te hacemos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.

Amén.

Ofrecimiento a la Santísima Virgen

¡Oh Señora mía!

¡Oh Madre mía!

Yo me ofrezco enteramente a ti y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser.

Ya que soy todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como a pertenencia y posesión tuya.

Amén.

Oración a la Virgen de la Medalla Milagrosa

Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.

Sin tardanza pregona lengua mía las glorias y alabanzas de María.

Atiende a mi socorro, gran Señora, y ampáreme tu diestra protectora.

Oh Jesús, que te has dignado glorificar con innumerables milagros a la bienaventurada Virgen María, inmaculada desde el primer instante de su concepción, concédenos que los que imploramos su protección en la tierra, podamos gozar eternamente de tu presencia en el cielo, tú que con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas, Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Oh Jesús, que para realizar tus mejores obras, escogiste las cosas débiles del mundo, a fin de que ninguna se gloriara ante tu presencia, y que para aumentar y difundir la fe en la Inmaculada Concepción de tu Madre, quisiste que la Medalla Milagrosa se manifestara a santa Catalina Labouré, concédenos que llenos de esa humildad podamos glorificar este misterio con alabanzas y obras.

Amén.

Acto de consagración a la Virgen

Madre, como el apóstol Juan, nosotros queremos acogerte en nuestra casa, para aprender de ti a ser como tu Hijo.

“¡Mujer, aquí tienes a tus hijos!”

Estamos aquí, ante ti, para confiar a tus cuidados maternos a nosotros mismos, a la Iglesia y al mundo entero.

Ruega por nosotros a tu querido Hijo, para que nos dé con abundancia el Espíritu Santo, el Espíritu de verdad que es fuente de vida.

Te encomendamos a todos los hombres, comenzando por los más débiles: a los niños que aún no han visto la luz y a los que han nacido en medio de la pobreza y el sufrimiento; a los jóvenes en busca de sentido.

A las personas que no tienen trabajo y a las que padecen hambre o enfermedad.

Te encomendamos a las familias rotas, a los ancianos que carecen de asistencia y a cuantos están solos y sin esperanza.

Oh Madre, que conoces los sufrimientos y las esperanzas de la Iglesia y del mundo, ayuda a tus hijos en las pruebas cotidianas que la vida reserva a cada uno y haz que, por el esfuerzo de todos, las tinieblas no prevalezcan sobre la luz.

A ti, Aurora de la Salvación, confiamos nuestro camino para que bajo tu guía, todos los hombres descubran a Cristo, luz del mundo y único Salvador, que reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.

Amén.

– JP II

Oración a Nuestra Señora del Pueblo

¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!

Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntanos ante tu Hijo, Jesús, único Redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en este día todo nuestro ser y nuestro amor.

Te consagramos también nuestra vida, nuestro trabajo, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.

Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y madre nuestra. Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia, con nuestro corazón libre de mal y de odios, podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz, que viene de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que con Dios Padre y con el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

Oración a la Virgen Inmaculada

Virgen Santísima, que habiendo agradado al Señor fuiste elegida para ser su Madre, Inmaculada en cuerpo y alma, dirige piadosa una mirada sobre estos hijos que te imploran tu protección.

La serpiente infernal, contra la cual fue lanzada la primera maldición, continúa atacando ferozmente y tendiendo lazos a los desterrados hijos de Eva.

Oh Madre amable, Reina y abogada nuestra, que desde el primer instante de tu Concepción aplastaste la cabeza del enemigo, acepta las oraciones que, unidas con las tuyas en un solo corazón, te suplicamos presentes ante el trono de Dios, a fin de que jamás caigamos y podamos llegar todos al puerto de salvación; que la Iglesia y la sociedad cristianas canten una vez más el himno de la victoria, de la libertad y la paz.

Amén.

Oración de san Alfonso de Ligorio

Santísima e Inmaculada Virgen María, oh Madre mía, a ti que eres la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la Abogada, esperanza y refugio de los pecadores, vengo ahora a pedir tu bendición.

Yo te venero, oh gran Reina, y te doy gracias por tantos favores que me has hecho en el pasado; pero sobre todo te doy gracias por librarme de todos los males.

Te amo, oh Señora dignísima de todo amor, y por el amor que te tengo, prometo en adelante servirte, y hacer todo lo que de mí dependa para que otros te amen.

En ti pongo toda mi confianza y mi esperanza de salvación.

Recíbeme como a tu siervo y cúbreme con tu manto de protección, tú que eres la Madre de la misericordia.

Y puesto que tienes tanto poder para con Dios, líbrame de las tentaciones, o al menos obtenme la gracia de vencerlas.

Te pido un verdadero amor a Jesús, y la gracia de una santa muerte.

Oh Madre mía, por el amor que tienes a Dios, Nuestro Señor, te ruego que seas mi ayuda en todo tiempo, pero principalmente en el último instante de mi vida.

No me dejes, Madre mía, hasta que me veas salvo en el cielo, para bendecirte allí y cantar tus alabanzas por toda la eternidad.

Amén.